La máquina de vapor supuso el motor principal con el que se inició la Revolución industrial. En ella se basa la primera etapa de la Revolución que, desde finales del siglo XVIII y a mediados del XIX, permitió el desarrollo económico de muchos de los principales países europeos occidentales y de los Estados Unidos.
Las primeras máquinas de vapor fueron inventadas por Eduard Somerset en 1633 cuya finalidad era la de llevar agua de un piso a otro, pero este invento pasó al olvido. Años después, el ingeniero Thomas Newcomen desarrolló el primer diseño, cuya utilidad fue la de aprovechar el vapor de la combustión de fósiles. Pero quien de verdad revolucionó el mundo con su máquina de vapor fue James Watt, quien mejoró con creces la máquina de Newcomen, por lo que es considerada por muchos la primera máquina de vapor.
James Watt
En Inglaterra el sector textil fue el primero en mecanizarse, estas nuevas máquinas funcionaban con una nueva fuente de energía, el vapor, que se producía mediante la quema del carbón mineral, sustituyendo el trabajo manual por nuevos sistemas mecanizados, disminuyendo los costes.
La creación de la máquina de vapor afectó a las condiciones de vida de los trabajadores, ya que los obreros pasaban muchas horas diarias trabajando. Además se introdujo a mujeres y niños en las fábricas para que trabajasen por salarios inferiores al de los hombres.
El gran número de las personas que trabajaban en el hilado y en los tejidos y las grandes innovaciones provocaron un
aumento y una mejor calidad en los productos ingleses, dando lugar a un aumento en la demanda y una revolución en la moda.
En definitiva, la máquina de vapor dejó atrás el trabajo artesanal y doméstico, dando paso a las fábricas y a favorecer industrias como la textil, bajando sus costes, y a la industria siderúrgica, ya que garantizaba una mejor producción en las minas gracias a los ferrocarriles por los que se conducían las vagonetas que eran empujadas por la máquinas a vapor. Se produjo en ambas un aumento de forma exponencial, tanto en la demanda como en su productividad, gracias a los nuevos avances tecnológicos.
Las primeras máquinas de vapor fueron inventadas por Eduard Somerset en 1633 cuya finalidad era la de llevar agua de un piso a otro, pero este invento pasó al olvido. Años después, el ingeniero Thomas Newcomen desarrolló el primer diseño, cuya utilidad fue la de aprovechar el vapor de la combustión de fósiles. Pero quien de verdad revolucionó el mundo con su máquina de vapor fue James Watt, quien mejoró con creces la máquina de Newcomen, por lo que es considerada por muchos la primera máquina de vapor.
En Inglaterra el sector textil fue el primero en mecanizarse, estas nuevas máquinas funcionaban con una nueva fuente de energía, el vapor, que se producía mediante la quema del carbón mineral, sustituyendo el trabajo manual por nuevos sistemas mecanizados, disminuyendo los costes.
La creación de la máquina de vapor afectó a las condiciones de vida de los trabajadores, ya que los obreros pasaban muchas horas diarias trabajando. Además se introdujo a mujeres y niños en las fábricas para que trabajasen por salarios inferiores al de los hombres.
El gran número de las personas que trabajaban en el hilado y en los tejidos y las grandes innovaciones provocaron un
aumento y una mejor calidad en los productos ingleses, dando lugar a un aumento en la demanda y una revolución en la moda.
En definitiva, la máquina de vapor dejó atrás el trabajo artesanal y doméstico, dando paso a las fábricas y a favorecer industrias como la textil, bajando sus costes, y a la industria siderúrgica, ya que garantizaba una mejor producción en las minas gracias a los ferrocarriles por los que se conducían las vagonetas que eran empujadas por la máquinas a vapor. Se produjo en ambas un aumento de forma exponencial, tanto en la demanda como en su productividad, gracias a los nuevos avances tecnológicos.